Visitanto la tierra de Juya; dios de la lluvia

Sentía como el latido de mi corazón se aceleraba con cada metro que nos acercábamos a la alcabala. Un guardia venezolano abrió el maletero y encontró la comida que llevábamos hacia Colombia. Sosteniendo su su rifle dijo: “¿Sabían que el tráfico de comida es un delito que se paga con cárcel?”.

“Somos trabajadores sociales. Ayudamos a los pobres“, respondió el periodista indígena que viajaba a mi lado. “Adelante, pero para la próxima ya sabe”, contestó el guardia.

Guaridas Venezuela, Paraguachon (cesarnoticias.com)

Frontera Venezuela-Colombia, Paraguachón (cesarnoticias.com)

El trayecto hacia la Alta Guajira, desde el extremos occidental de Venezuela a la punta de Suramérica en Colombia, fue toda una odisea. Me impresionó como el chofer conocía el camino como la palma de su mano. Parecía lanzar dardos a ciegas, siempre tirando al blanco. Durante 8 horas atravesamos caminos verdes sin extraviarnos.

Caminos verdes hacia la Alta Guajira, Venezuela

Caminos verdes hacia la Alta Guajira, Venezuela

Guardando imágenes en el alma

Cuando llegamos ya era de noche, sólo se veía la cara de Yarariyu iluminada por un foco. “¡Por fin llegaron!”, exclamó. Después de hablar un rato con Yarariyu, me dormí en mi hamaca observando las estrellas. La luz de la civilización, nunca me había permitido apreciar el cielo estelar en todo su esplendor. Quise tomar una foto, pero Yarariyu dijo, “guarda los ancestros en tu corazón. En Tu alma perduran más que en una foto”. Para los Wayuu, los muertos se van a Jepirra, un lugar donde se encuentran los fallecidos para posteriormente volverse estrellas.

Mujer Wayuu

Mujer Wayuu

El canto de los gallos me levantó a las 4:50 am. Por fin la luz ahuyentaba la noche, revelando la maravillosa tierra de mis antepasados indígenas Wayuu. Nunca había visto cactus tan majestuosos. La tierra estaba árida, ya que no había llovido por 2 años.

Conociendo el clan del tigre

Mis amigos Wayuu

Mis amigos Wayuu

Yarariyu me tomó de la mano y me presentó su clan, llamado Uliana. Es el clan del tigre, al cual también pertenecía mi abuelo. Conocí a su tía Marta. Estaba sentada encima de una roca, tejiendo una hamaca en un telar de palo. Me impresionó como movía sus dedos, parecía una araña tejiendo su tela. Una hazaña considerando que Marta es casi ciega.

Admirando el telar de una mujer Wayuu

Admirando el telar de una mujer Wayuu

La familia nos agradeció mucho la comida que llevamos. Desde que el ejercito venezolano militarizó su territorio, a los Wayuu se les hace difícil transportar comida, económicamente accesible para ellos, hacia Colombia.

Siendo testigo del dios de la lluvia Juya

El tercer día ocurrió un milagro. De repente el cielo se oscureció, espantando una bandada de cardenales. Las nubes se engrandecían, rayos caían en el mar, mientras el viento nos soplaba la arena en la cara.
Los niños exclamaban;¡ahí viene, ahí viene! Las mujeres suspiraban, por fin Juya fecundará la tierra que nos dará de comer. No había llovido desde hace dos años. Oscureció y mientras reposábamos en nuestras hamacas, los abuelos contaban las historias del padre de todos los Wayuu, Juya. En la cultura occidental hablariamos de un dios, pero los Wayuu ven a Juya como un abuelo que se manifiesta por la lluvia. Los ancianos gozan de un alto respeto en esta cultura indigena, ya que transmiten el conocimiento concentrando el saber de muchas generaciones. Su función social y educativa es esencial.

juya1

El paso de Juya, el “dios” Wayuu de la lluvia

La despedida

Pasaron las semanas y tuve que regresar a Suiza. Yarariyu preguntó:”¿tu crees que nuestro pueblo logre sobrevivir?” Mi amigo le respondió: “Ni toda la oscuridad del mundo podrá con la luz de una sola vela”.

Cacique Wayuu

Cacique Wayuu

Mama Tierra

January 18th, 2015 View Profile

Supporting indigenous people, saving mother earth!

Leave a Reply